Palabras para el primer disco de Paradoja


Agosto 23 2017

Blog 1 Comentarios

Decir unas palabras por el estreno del primer disco de Paradoja… nada menos que un grupo de música rock con raíces de trova y sonoridades sinfónicas en cada una de sus melodías… es para mí un gran honor, pero asimismo me conlleva a una gran responsabilidad.

Conozco de cerca a casi todos sus integrantes y sé bien lo que ha significado el sacar a la luz este trabajo grupal. De hecho, siempre me ha sorprendido, aparte de encantarme, la vida de los músicos. Y más cuando descubro que han entregado sus vidas a músicas de tan poco realce comercial, que incluso pareciera van en oposición a la moda como es el caso de Paradoja; poniendo de relieve que no por eso perpetuamente será igual su suerte, o que su música sea menos exigente –más bien por el contrario–, se trata en todo caso de que muchas veces la innovación y la incomprensión, pese a llevarse muy mal, andan juntas.

Qué admirable es estar frente a personas que desarrollan la música sin importarles la celebridad o el dinero, o mejor dicho, que importándoles como a cualquiera la fama y la plata no por eso han prostituido su arte reduciéndolo al gusto de terceros.

Por eso decía que aparte de un gran honor, es para mí también una gran responsabilidad el elegir con precisión cada una de las palabras que vengo expresando y expresaré. Responsabilidad porque es fundamental dejar en claro que este disco, el cual ahora podrán comprar o escuchar desde sus computadoras, celulares o equipos de sonido, resulta ser una genuina obra de arte: un acto de dignidad y honestidad nacido de diversas individualidades y al mismo tiempo un muro de compresión estética (oh sí, por esa combinación de talentos que fluyen con unanimidad a través de cada una de estas canciones), tan diferente Paradoja a la mediocridad musical y fraudes comerciales multitudinarios de grandes disqueras a los cuales tanto nos hemos acostumbrado en este mundo de consumidores embrutecidos. Y mi responsabilidad como escritor radica en explicar su esencia con la fuerza dialéctica y lucidez que nos caracteriza, o en su defecto debiera caracterizarnos.

Acerca de Carlos Kroll, el autor de los temas, permítaseme un inciso. Fíjense: La emoción que me ha causado escuchar –no ya el disco entero sino un par de sus canciones– ha sido hondísima… (El disco completo lo escuché al día siguiente). Pero en ese primer momento, pura y completamente se me desbocó el corazón. Se me llenaron los ojos de lágrimas, para expresarme con palabras claras y sencillas. Y no luego de escuchar las dos canciones, pues bastó una: Cavilaciones de un triste otoño; es más, cuando pensaba que ya nada podría originarme algo igual volvió a ocurrirme con Tu nave azul.

Conozco de cerca la gestación, alegrías y avatares de este grupo de música; por otra parte, conozco bien el arte y la vida de Carloncho, como le decimos quienes lo tratamos de cerca. Saben algo, yo me enteré de la mayoría de los temas que representan este disco hace ya 15 años (encima con varias vidas en el baúl de los recuerdos la mayoría de éstos), de veintipocos años ambos, cuando nos compartimos composiciones cual dos magos revelándose secretos. Ahora bien, sin ánimo de dármela de oráculo de Delfos es justo decirlo: desde entonces imaginé esto que ahorita estamos viviendo.

Por lo demás, ¿y cómo no pensar eso? ¡Ey!, escuché varias de sus producciones musicales grabadas en casetes –más de 10 si mal no me acuerdo–, las cuales trajo a mi casa en una mochila de lana (el locazo, amante del diseño y el dibujo, les hacía sus carátulas). Fumamos y bebimos madrugadas de madrugadas. Pasé con varios de sus casetes meses y en un caso en especial más de un año. Sé de sus cuadernos de anotaciones, de su vena poética, de su pasión por el cine y las novelas de largo aliento. Los documentales también son libros para él. (¡Qué ironía Carloncho!, las musas de muchas de esas canciones se fueron así como esos «tú» también se fueron y sin embargo quedaron retratados esos paroxismos hechos de quemantes caricias y pesadumbres). Y es que es menester resaltar otro detalle: Carlos Kroll no solamente es un consumado cantautor sino un lírico creador: sus composiciones germinan desde sus sentimientos en combustión, a tal punto que no puede crear bajo otro dictamen al de su estado interior.

«Habrá palabras nuevas para la nueva historia // y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde», dicen los dos últimos versos de un poema titulado «Nada es lo mismo», de Ángel González. Recuerdo estos versos pensando justamente en Paradoja, pues si somos consecuentes con la música de nuestros espíritus, por lo menos nosotros sabremos que existe una acepción aún no aceptada en los diccionarios, una acepción donde la palabra «paradoja» es arte musical único y obligatorio para amar más la vida, para apreciarnos mejor a nosotros mismos y a los demás escuchando esta melodiosas y fascinantes composiciones.

Muchas gracias.

 

Foto: Klaudia Travezaño.

Comentarios

Claudia
Agosto 23 22:20:30, 2017
¡Larga vida a Paradoja!

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