Cromwell Castillo: “Al poeta le va bien escribir en lugar de preocuparse por cojudeces”


Mayo 08 2017

Robert Jara Cultura y Ocio 0 Comentarios

Luego del retiro voluntario, o quizá obligado por las circunstancias, Cromwell Castillo, autor de los poemarios Estética de las revelaciones y Estados de coma, entre otros, vuelve a la escena cultural dispuesto a patear el tablero.

El fundador del Grupo Literario Signos vuelve, también, decidido a recuperar el espacio que verso a verso, libro a libro, había edificado con solvencia. Sus textos, recordemos, han sido publicados en diversas revistas impresas y virtuales del Perú y el extranjero (Venezuela, Chile, Argentina, Colombia, México, Brasil, Estados Unidos, España y Francia).  

Cromwell, ¿cómo fue tu acercamiento a la poesía?

Todo acercamiento a lo desconocido es perturbador. En poesía, el asunto no es distinto. Uno se lanza a tientas tras ese universo que no conoce, se vuelve presa de la oscuridad y el asombro, y en medio de la ingenuidad iniciática se van sintiendo las pulsiones del desencanto. Luego nacen las primeras rebeldías: deseas, por ejemplo, no dejar de escribir jamás, y empieza tu maldito viaje a contracorriente. ¿Qué seríamos sin indagaciones, cuestionamientos e insatisfacciones? Con el tiempo he aprendido que en poesía uno no puede proponerse nada, no existen certidumbres, por eso reafirmo que poesía es resistencia. No estoy declarando mi fe, solo propongo una amenaza dentro del trayecto que vivo. 

¿Cuáles son tus referentes literarios?

Honestamente no me gusta hablar de referentes porque no sé si deba creer en ello. Resulta un tanto absurdo mencionar autores de gran valía literaria y suponer forzadamente que se deba cantar su influencia para sentir importancia colectiva. Yo pienso que vivimos influenciándonos de todo y de todos. Si hasta los “malos autores” refuerzan esa suerte de proceso literario que proponemos. Por otro lado, si bien suelen haber lecturas recurrentes, es mejor saber marcar bien la escena del crimen. Pues, si yo releo a Leopoldo María Panero, Octavio Paz o a Jorge Eduardo Eielson, no es porque quisiera llegar a escribir como ellos. El acto de relectura solo puedo compararlo con un asesinato en serie, en donde en realidad se quiere agotar la estética del autor hasta matarla, y eso implica entenderla, asumirla y dejarla volar dentro de uno mismo.   

¿Cómo describirías tu proceso creativo? 

Yo suelo pensar que los libros deben contener una tensión irremediable, una manifestación de salvajismo que nos golpee los sentidos. Cuando los poemas tienen naturaleza instintiva hacen brotar su fuerza ciega. Pero los resultados también dependen del trabajo arduo. No significa que los poemas deban sacarse del horno como pan caliente, todos los días. Ante todo hay que ser cómplice del silencio y el ritmo. La lectura, el estudio y el razonamiento harán lo suyo para completar el desmadre. De ese proceso deviene la columna vertebral del libro: su eje temático. Luego, que el tiempo no importe, tampoco los propósitos, las presunciones o los desafíos sobrehumanos. El libro tiene que ser un acto revolucionario de resistencia y contenido.  

¿Qué buscas con tu poesía?

El arte, en general, busca humanizar. La poesía en sí misma tiene ese efecto. En lo personal, no suelo pensar qué busco en y con mi poesía, quizás porque me rehúso a darle un sentido utilitario. Si el lector le asigna alguna bondad y cree que sirve, entonces el favor se hace suficiente. Solo el tiempo le hace justicia a un libro.

¿Trabajas mucho un poema o te conformas con lo que la inspiración te dicta?

La inspiración no es suficiente. No puede dejarse a un falso plumazo la responsabilidad de cortar la fruta prohibida. Hacer arte requiere de factores importantes que convergen y se funden en el espacio-tiempo de creación. A mí, por ejemplo, me gusta leer por la noche y escribir de madrugada, lo cual hace que la actividad literaria sea más intensa y gozosa porque es un horario en el que también me gusta hacer el amor con mi mujer. El amor para mí representa un factor esencial. Escribo en mi cama, junto a Herica. Ella es mi impulso desde hace catorce años, toda mi vida está llena de ella, incluso los momentos en los que no estuvo. Mi poesía, mi pintura y todo lo que nunca me he atrevido a publicar le pertenece. Herica me incita, me pregunta, me cuestiona, me despoja y me devuelve al arte con una facilidad increíble, por eso nos fundimos en la misma fragua. Me ha devuelto la disciplina con tanta determinación como me enseñó el amor un día, hasta hoy, con toda justicia. 

¿Consideras obligación del poeta asumir una postura social y política?

Vivir en sociedad significa asumir una postura social y política, y sobre todo creer que eso es una emergencia que parte de un derecho fundamental. El poeta es ciudadano, Hombre y ser humano a la vez, dispuesto a revelar y rebelarse sin mediar mojigaterías. La poesía como contenido-mensaje siempre ha tratado de soportarlo todo. La poesía política aunque valida una cierta ideología, corre el riesgo de desvirtuarse a lo panfletario; el que no me parezca  –porque crea que la poesía debe de ser apolítica–, no significa que sea incierta o desatinada. 

Cromwell, se suele decir que “la poesía no vende”. ¿Cuánto influye esta sentencia lapidaria en la percepción que la gente tiene de la poesía?

El contexto actual dicta que la desidia debe estremecernos con ternura, por eso lo cultural “no vende”. Vivimos bajo la opresión del rostro de la injusticia. Digámoslo claro: el Perú es el país de la incertidumbre, la gente tiene miedo reconocerse en medio de sus vacíos e indolencias, por eso no lee ni se informa adecuadamente. Debe ser vergonzoso, terriblemente doloroso mirarse a un espejo y saber que no se tienen respuestas. Verás por qué todavía respiran esas cloacas partidarias llamadas aprismo y fujimorismo. Nuestra democracia es la estupidez. 

¿Cuál es el estado de la crítica literaria en tu región?

Aunque en Lambayeque no exista crítica literaria especializada, no dejo de sentir cierta sospecha por el ejercicio de esta en cualquier parte del mundo. Lo que se desarrolla comúnmente por estos lares es la reseña, cultivada por poetas, narradores y, en algunos casos, docentes, que respaldan sus criterios en la practicidad de su lectoría habitual. El riesgo que se corre es alto cuando escuchamos o leemos a alguien intentar juzgar un texto o una obra, pues está claro que el amiguismo, los favores o las rivalidades le restan confiabilidad y rigor al análisis. ¿Nos podríamos obligar a creerles a todos estos abanderados del buen juicio? En realidad, tanto la impertinencia o la razón de cualquier crítico importa poco ante la presencia de un lector atento, cuya agudeza lo hará responder firmemente ante toda falta de claridad. Es probable que muchos críticos literarios sean escritores fallidos. Ese es otro polvo que deberíamos sacudir bien de nuestros libros.

¿Cómo percibes el panorama literario en Lambayeque?

La escena literaria lambayecana tiene voces que confirman el desarrollo creciente de excelentes propuestas estéticas, algunas con libros notables, otras con un trabajo que empieza a surgir y otras inéditas que merecen tomarse en cuenta por su nivel literario. Dentro de estas voces resaltan, en poesía: Ernesto Zumarán (poeta representativo de la generación del 90, que también destaca en narrativa), César Boyd, José Abad, Stanley Vega (responsable de Ediciones Prometeo Desencadenado), Luis Boceli, Marcoantonio Paredes, Matilde Granados (presidenta de la Asociación Cultural Kaypi Kani y organizadora de la Fiesta del Diantre), Ronald Calle, Ernesto Facho y Ángel Centurión (director de la revista Jarchas). En narrativa cito a Harold Castillo, Wilson Vera-Recoba, Gerardo Carrillo (director de Locheros.com), Gustavo Carbonel, Alex Neira (presidente de la Asociación Civil Cultural Sócrates) y Alex Miguel Castillo. 

Es oportuno hacer mención del importante trabajo que realizan el poeta Juan José Soto (organizador del Ciclón de Poesía) y el narrador Nicolás Hidrogo (responsable del Conglomerado Cultural), ambos con proyectos e iniciativas vitales que fortalecen nuestro panorama literario. 

¿Con qué “taras” del mundillo literario has tenido que convivir como poeta? Has sentido el ninguneo, por ejemplo…

A pesar de que muchas veces se quiere combatir el ninguneo, el silenciamiento y la mezquindad desde diferentes trincheras, lo único que se logra es robustecer más las argollas literarias. Hay que decirlo claro: al poeta o al narrador le va bien escribir en lugar de preocuparse por cojudeces. El temporal guarda en sus entrañas súbitos derribos que los castillos de arena o naipes jamás esperan. Las taras o “pendejadas” no duran porque cansan y este instinto de sobrevivencia (literaria) que tienen algunos innombrables, pronto se convierte en un canibalismo sin remedio.

 

Foto: Melanie. En la intimidad del hogar.

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